entrevista
     
  El emprendedor La empresa Raúl A. Randon  
     
 

Acompañar el día a día de la empresa que nació de una mezcla de oportunidad con osadía ha sido la rutina del empresario Raúl Anselmo Randon, hace ya casi sesenta (60) años al frente de las Empresas Randon. A las vísperas de cumplir ochenta (80) años, él no se cansa de contar la trayectoria de la empresa. Siempre con la misma serenidad, nunca pierde la sonrisa, ni siquiera cuando habla de los peores momentos que él siempre revirtió en aprendizajes para continuar creciendo y generando empleo y resultados.
Y la receta es única: mucho trabajo y compromiso con las personas, con los productos y con los clientes.


 
     
 
“Si tuviese que recomenzar, haría todo otra vez”
 
     
 

¿Cómo fue su inicio profesional?

Raúl Randon: A los catorce (14) años, empecé a trabajar en la herrería de mi padre, que fabricaba herramientas agrícolas. Allí, trabajé hasta los 18 años, cuando en enero de 1948 tuve que hacer el servicio militar. Cuando volví, mi hermano Hercilio había montado su taller en el pabellón de nuestro padre, y trabajaba en la reforma de motores. En 1950, un amigo de mi hermano tuvo la idea de hacer máquinas impresoras en sociedad con nosotros. Fabricamos doce (12) máquinas, que fueron vendidas y “funcionaban muy bien”. El día 26 de marzo de 1951, mientras estábamos en una fiesta de procesión de Nuestra Señora de Caravaggio, el padre anunció que el taller se estaba incendiando. La sociedad se deshizo. Continuamos reformando motores en el taller de mantenimiento de la fábrica de tejidos Matteo Gianella y en la empresa Evaristo de Antoni. A parte, íbamos construyendo el pabellón para instalar nuestro propio taller.
En 1953, un amigo, Claudio Corso, nos presentó a un italiano llamado Antonio Primo Fontebasso, que dio la idea de fabricar frenos a aire para remolques. Aceptamos hacer una sociedad y constituimos la Mecánica Randon Ltda. Dos (02) años después, Fontebasso cayó enfermo y se retiró de la sociedad. Iniciamos, entonces, el proceso de fabricación del 3er eje para camiones y semirremolques de uno (01) y dos (02) ejes.

Frente a tantas dificultades, ¿de dónde sacaban el espíritu de emprendedores y la persistencia?
Raúl Randon: Venían de las oportunidades. Nosotros ingresamos al ramo de los equipamientos de transporte porque Brasil necesitaba de esto. El mercado ofrecía una enorme oportunidad, especialmente en el Sur, donde no había ningún fabricante. Esto nos llevó a fabricar remolques. En 1964, fue establecida la Ley de la balanza, por exigencia del Banco Mundial, que financiaba la construcción de las carreteras y de las grandes obras, lo que vino a exigir un control de peso de la carga sobre los camiones. Era otra gran oportunidad. En esa época, mi hermano Hercilio, que era técnico y tenía muchas ideas, creó el tercer eje para remolques, el sistema de suspensiones de balancín, que dio la posibilidad de ampliar la capacidad de carga, de acuerdo con la Ley de la balanza.

O sea, ¿fue una mezcla de oportunidades, osadía y coraje para quien estaba y está distante de los grandes centros consumidores?
Raúl Randon: No digo que sea coraje. ¿Sabe por qué? Si tú tienes un taller y comienzas a trabajar, tú vas a ir observando las necesidades del cliente y vas avanzando, mirando el mercado. Mi hermano cuidaba de la parte técnica y yo de la parte comercial del negocio. Nino, como era llamado, era un maestro en la parte técnica y en la capacidad de desarrollar productos. El hecho es que existía el mercado y no había mercancías. Una cosa trae como consecuencia la otra. No hubo una planificación previa. El mercado es el que manda. Nosotros vamos haciendo y ganando dinero. Por ejemplo: un amigo tenía un camión International. Lo vendió y compró un Scania y necesitaba de una carreta-tanque de un eje. Él me pidió para que la fabricara, pero no tenía dinero para pagarla. De cualquier manera, aceptamos el pedido. Así, le fue posible continuar trabajando. Él vino a comprar otros productos, cumpliendo integralmente sus compromisos financieros con nuestra empresa.

¿Cómo fue la infancia? ¿Cuál es el mejor y el peor recuerdo del niño Raúl?
Raúl Randon: Lo bueno es que nosotros jugábamos bastante. Desayunábamos, salíamos de mañana, íbamos a la escuela, volvíamos para casa, almorzábamos y salíamos a jugar, a veces sin la autorización de mi madre. Cuando volvíamos, de noche, ya sabíamos que tendríamos nuestra “recompensa”: la vara. Pero el hecho es que nosotros quedábamos fuera de casa, sin peligro. Éramos libres. Teníamos muchos amigos. Jugar a la bolita, al trompo, carrito de rulemanes, caza, pesca. Me acuerdo de una historia de mi hermano pescando en la orilla del río, donde él construyó una casita en sociedad con un amigo. Nuestro padre fue a buscarlo a la noche, diciéndole que le rompería la casa si no saliese. Entonces Nino le dijo: “usted puede romper mi mitad, pero la mitad de mi amigo no”.

Usted siempre habla de la familia. ¿Qué importancia tiene para usted la familia y de qué manera fue decisiva para su éxito?
Raúl Randon: La familia es muy importante. Vivíamos en Tangara y mis padres, viendo que Caxias do Sul estaba creciendo y que habría muchas oportunidades de desarrollo aquí, decidieron retornar.

¿Qué le gusta hacer fuera de la empresa?
Raúl Randon: A los 18 años apreciaba cazar perdices. Ahora me gusta ver televisión, pero realmente lo que más me gusta es estar con mis amigos alrededor de una buena mesa, jugando cartas. Viajé mucho, pero casi siempre viajes asociados al trabajo, lo que también es muy bueno. Después comencé en la agricultura, para distraerme.

¿Hay algo que le gustaría mucho hacer y que todavía no se lo permitió hacer?
Raúl Randon: Hay muchas cosas para hacer todavía. Trabajar no cansa. Y por suerte, todavía tenemos mucho trabajo para hacer. Sin trabajo, sería una vida vacía. Hay que tener compromisos, levantarse temprano, salir a trabajar. Los días quedan cortos. Tenemos los amigos en la empresa. Por eso creamos el programa Nuevos caminos, que va muy bien. Muchos ya crearon sus negocios y continúan trabajando, porque tienen muchos años por delante. Quien trabaja treinta (30) años, se jubila y queda sin hacer nada, se enferma.

En la trayectoria de las Empresas Randon debe haber habido algunos puntos altos y otros bajos. ¿Cuáles recordaría? Positivos y negativos.
Raúl Randon: El inicio de los años 80, fue una época muy difícil, cuando tuvimos que despedir funcionarios. Pero hubo cosas muy buenas. Por ejemplo: ver clientes comenzar con nosotros creciendo, completando cuarenta (40) años, cincuenta (50) o sesenta (60) años. Otra cosa buena es recordar nuestra propia evolución. En 1970, cuando yo estaba visitando una feria en Europa, vi que Italia y Alemania juntas tenían en torno de 110 millones de habitantes y Brasil tenía 80 millones. Sólo que en toda Europa se producían 30 mil carretas por año y en Estados Unidos 80 mil. Nosotros, en Brasil, producíamos solamente 5 mil. En aquel año, 1970, Randon produjo setecientas (700) unidades. Volví y hablé con mi hermano: vamos a hacer una fábrica para producir mil (1000) unidades por mes (no por año). Hicimos un proyecto y en 1971 compramos una propiedad (cerca de 24 hectáreas), donde instalamos la fábrica con un área construida de 40.000m². En 1972 iniciamos las negociaciones de licencia de fabricación del camión fuera de la carretera con la empresa Kockum, empresa sueca, y lo lanzamos en 1974, cuando inauguramos la nueva fábrica. Antes, en 1971, abrimos el capital. Más tarde, hicimos una sociedad comercial con la empresa americana Rockwell, hoy ArvinMeritor, con quien negociamos durante tres (03) años y nos asociamos para hacer frenos, el 24 de abril de 1986. Un año después, inauguramos Master. Después vino JOST en el mismo formato, de asociación comercial con la empresa alemana JOST-Werke, o sea, creando una tercera empresa que no interfiere en las otras. Después vino Suspensys. Randon creó estas empresas y hoy es cliente de ellas.

¿Usted ya tuvo miedo de errar como empresario?
Raúl Randon: No, porque las decisiones se basan en las oportunidades del mercado. Siempre trabajé con un equipo, y de esa manera es más difícil errar.

Si usted tuviese que recomenzar hoy, ¿en qué sector invertiría su dinero?
Raúl Randon: Haría todo otra vez. Y mejor. El transporte nunca va a parar. Todo lo que es producido tiene que ser transportado. De aquí a diez (10) años, ¿cómo será el transporte? Nosotros, fabricantes, somos los que tenemos que ver esto y ofrecer mejores alternativas para el cliente. Hace treinta (30) años, nosotros pensábamos en hacer una fundición. Sólo ahora vamos a inaugurar Castertech, que será una empresa muy moderna.

Randon cumplirá 60 años en 2009. ¿Cómo ve la empresa de aquí a 60 años?
Raúl Randon: Continuar siempre. Creo que estamos en el camino. Aquí en Caxias do Sul muchas empresas, incluso familiares, desaparecieron. Pero tenemos una empresa organizada, incluso con reglas para las familias. Tenemos un holding que disciplina todo. Difícilmente Randon desaparecerá en la manera como está construida.

Próximo a cumplir 80 años de vida y, sin dudas, más de 65 años de actuación profesional, ¿qué le da respeto mundial, o qué lo motiva, todavía, para permanecer al frente del grupo?
Raúl Randon: Es el trabajo. Creamos todo esto. Estamos siempre aquí adentro. Pero es trabajar y gustar. Es necesario cuidar mucho del personal dentro de la empresa, desde que éramos media docena de personas. Salud, principalmente.

Y el área social, siempre tan carente en el país. Usted defiende el camino de la educación como el gran instrumento de la transformación. ¿Usted imagina un gran Florecer en Brasil? El programa Florecer nació a partir de una idea suya. Cuando escucha hablar de este programa, ¿qué sentimientos pasan por su corazón?
Raúl Randon: El proyecto Florecer fue cuidadosamente estudiado. Hicimos un levantamiento minucioso de cómo sería el mejor sistema para dar asistencia a los jóvenes. Mi teoría siempre fue que los jóvenes tendrían que permanecer en la escuela todo el día. ¿Cuál es el matrimonio al que no le gustaría llevar a sus hijos a la escuela por la mañana, ir a trabajar y, a la tardecita, al regresar, buscarlos en la escuela para volver a casa? El programa Florecer está funcionando bien. Tiene que haber solidaridad de todas partes. Hoy estamos inaugurando franquías y, en breve, tendremos más de mil (1000) jóvenes beneficiados. Vamos hacia adelante, porque no hay otra salida para sacar a la juventud del riesgo que no sea a través de la educación. Después del programa Florecer viene el Calificar, de donde ellos salen profesionales, prontos para el trabajo.

 

 
     
 

 
     
 

 

 
 
     
 
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